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Artículo de los Hermanos Marx

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Groucho Marx, 20 aniversario de la muerte de un gran cómico

Noticia de TeleIndiscreta



22 de Agosto de 1997



El 19 de agosto se cumplieron dos dé­cadas de su desapa­rición, Pero el cómico del puro, el bigote y las gafas de intelec­tual sigue vivo entre nosotros.

Groucho Marx, 20 aniversario de la muerte de un gran cómico Groucho fue el rey del absurdo. Sus increíbles parrafadas, su ironía, la forma de arremeter contra todo y la velocidad de vértigo con que soltaba sus ocurrencias resultan inimita­bles. Posiblemente, el genio có­mico de Julius Henry Marx, Groucho, se fraguó durante su infancia. Nació en Nueva York, en el barrio alemán de Manhat­tan, en 1890, en el seno de una familia que podía recibir cualquier calificativo excepto el de tradicional. Su abuelo -de origen alemán y ventrílocuo y mago de profesión- había emi­grado a los Estados Unidos con 50 años, y apenas hablaba in­glés. Vivió 100 años y Groucho aprendió de él sus actividades favoritas: fumar puros y perseguir a las mujeres. La abuela, Fanny, tocaba profesionalmente el arpa, la misma que heredaría más tarde Harpo Marx. La se­gunda generación, los padres de Groucho, también era bas­tante peculiar. El padre, Sam, era un emigrante judío alsacia­no que se ganaba la vida como sastre, ejercía de ama de casa, cocinaba y cosía.

Las mujeres fueron su debilidad

La situación en la que vivía la familia era precaria, así que su madre, Minnie, decidió formar una «troupe» de artistas con sus hijos: Chico, Harpo, Groucho, Gummo y Zeppo. Los Marx reco­rrieron América actuando como acróbatas, mimos, bailarines, payasos y cantantes, y se convir­tieron en asiduos clientes de bur­deles, que aprovechaban para vi­sitar entre gira y gira. Después, Groucho, Harpo y Chico fueron abandonando el vodevil. Desa­rrollando su faceta más cómica, sus gags llegaron a Broadway y, de ahí, a Hollywood.

Groucho era el intelectual de la familia y un auténtico devora­dor de libros. Le hubiese gustado ser médico, pero la falta de dine­ro le hizo renunciar. Se casó tres veces, la primera, a los 30 años con una jovencita de 20. En sus dos matrimonios posteriores, la diferencia de edad se fue am­pliando. En 1943 llegó la segun­da boda con una amiga de su hija y, en 1954, volvió a casarse con una chica de 19 años.

El secreto del humor de Groucho, y también de Harpo y Chico, fue esa mezcla de frescura e impertinencia ca­racterística de la niñez y que ellos conservaron hasta el fin de sus días. Groucho fue un provocador, se reveló contra el puritanismo y la es­tricta moralidad de la época.

El 19 de agosto de 1977, una neumonía acabó con la vida de Groucho. Tenía 86 años. El cómico se marchó no sin antes dejarnos su úl­tima «márxima», la de su epi­tafio: «Pido perdón a las seño­ras por no levantarme».

LAS «MÁRXIMAS» más célebres de GROUCHO
  • La principal causa del divorcio es el matri­monio.

  • En esta industria, todos sabemos que de­trás de un buen guionista hay una mujer, y que detrás de ésta está su esposa.

  • Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

  • Todo lo que soy se lo debo a mi bisabue­lo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún vi­viera, el mundo entero hablaría de él. ¿Por qué? Porque si estuviera vivo, tendría 140 años.

  • Yo encuentro la tele muy instructiva. Cada vez que alguien la enciende, voy a la bibliote­ca y leo un buen libro.

  • Supongo que había que inventar las ca­mas de agua. Ofrecen la única posibilidad de beber algo a medianoche sin peligro de pisar al gato.

  • No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

  • No voy a pagar dinero por entrar en un club que acepta a individuos como yo.

  • He disfrutado mucho con esta obra de te­atro, especialmente en el descanso.



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